Entrevista con Chiquilín Hooch: “Si vienes al show, diviértete”

Siento una especie de terror-admiración por los payasos callejeros, me asombra su espontaneidad y gracia, y la facilidad con que mantienen expectante al público, pero también me pone muy nervioso el hecho de que en cualquier momento pueden señalarte y hacerte parte del show, convirtiéndote en el objeto de todas las miradas y risas.

En Mérida, uno de los payasos con más experiencia es Santiago Torres, mejor conocido como Chiquilín Hooch. Santiago es yucateco, crecido en la Ciudad de México, presenta su show familiar los fines de semana en el parque Las Américas con una afluencia regular de mil personas diarias, además lleva seis años haciendo un show para adultos en el Tucho y otros establecimientos.  

¿Cómo elegiste tu nombre?

Lo de “Chiquilín” es porque soy el menor de tres hermanos payasos, y la palabra  “Hooch” la retomé de la caricatura La Abejita Hutch, que a veces traducían como La Pequeña Abeja, y era una caricatura que pasaban cuando yo tenía cinco o seis años.

El nombre al principio era Chiquilín nada más, pero después, cuando llegué a Mérida, decidí ponerme un apellido.

¿Tienes dos hermanos que también son payasos?

Sí, hoy trabajamos cada quien por su lado:

Uno de nosotros está en la ciudad de Cancún, haciendo lo mismo, arte popular callejero.

Ahorita en el parque las Américas comparto el espacio con mi hermano Boony Roony, y con Motorcito The Clown, quien es mi compañero y alumno. Él era payaso de fiestas, pero le llamó la atención el arte popular callejero y me pidió la oportunidad de que yo le enseñe cómo trabajar la calle y que tomara cosas mías. Acepté, aunque normalmente  yo no le doy lecciones a nadie, no tengo esa facilidad, soy muy exigente. Me gustan las cosas serias, no que agarren esto solamente para cotorrear.  

¿Cómo es que tú y tus hermanos decidieron iniciarse en este oficio?

El inicio

Uno de mis hermanos, el de en medio, cuando iba en segundo o tercero de secundaria, tuvo la ocurrencia de enamorarse de una muchachita. El papá de ella tenía una agencia de payasos, tenía como 100 payasos a su disposición. A la muchachita le dijeron que si llevaba diez muchachos que quisieran entrar le daban un regalo. Utilizando sus dotes de mujer convenció a varios de sus amigos de la secundaria y los puso a trabajar. Uno de ellos era mi hermano.

Y sí, a la muchacha le dieron una grabadora con discman, que en aquel tiempo era ¡wow!

Mi hermano empezó de chalán, cargando maletas, y como a los dos meses le dijeron: ya estás listo para irte solo a dar shows. Él no quería ir solo. Hay que tomar en cuenta que estábamos en la Ciudad de México, un lugar demasiado grande, así que le dijo a mi madre: “¿Me puedo llevar a Santiago?”

Yo tenía ocho años, no sé qué le dijo que la convenció y pues me llevó con él. Después, mi hermano más grande también decidió acompañarnos, aunque de allí agarró su propia onda y se fue con otra gente. Yo y mi hermano Boony continuamos juntos.

Al poco tiempo nos cambiamos a otra agencia donde nos pagaban más. Te estoy hablando que en aquel tiempo cobrábamos  $140 pesos por el show, pero de eso la mayor parte iba para la agencia. Al final nosotros ganábamos como 30 pesos y teníamos que hacer  cinco o seis shows por día, para que nos alcanzara. Esto fue hace 25 años, el peso andaba devaluado y la verdad es que la veíamos muy dura. Vivíamos mi mamá, mi hermana, mis dos hermanos y yo, en un departamento chico por el que nos cobraban una renta muy elevada, así que mi madre decidió enviarnos a Mérida.

La llegada a Mérida

Cuando llegué a aquí estaba saliendo de sexto de primaria, tenía como once o doce años. Medio estudié la secundaria y seguí dando shows en fiestas, en la calle, en los camiones. Luego salíamos de viaje. Con una mochila y unas mudas de ropa nos íbamos a Campeche, Ciudad  del Carmen, Villahermosa, Oaxaca , Coatzacoalcos, Salina Cruz, Puebla. Y así de lugar en lugar fuimos agarrando tablas.

Chiquilin Hooch

El arte popular callejero es muy bonito si lo sabes utilizar y respetar. En la calle hay mucho vicio, y si no sabes manejarte pues te pierdes. Después de casi 17 años de trabajar con mi  hermano decido hacerlo yo solo, con mi propio criterio, compartiendo a veces los mismos lugares pero cada quien con su show.

Estuve un tiempo cubriendo campañas políticas y trabajando en la plaza grande; tuve mis altibajos. Luego me pegué con Mario y Daniel Herrera, gente del teatro regional, quienes  me invitaron a ser parte de su compañía. Colaboré con ellos como dos años.

¿Trabajaste con partidos políticos?

A mí quién me paga es a quien le trabajo, no tengo un partido en especial. Bendito Dios no hay quien haya comprado a Chiquilín Hooch por completo. Puedo dar un show en la mañana para el PRI y en la noche otro para el PAN, por mí no hay problema, no le pongo color a mi trabajo, de eso vivo.

Después de un tiempo de estar en la plaza grande nos cerraron el permiso. Hubo una campaña que se llamó “Limpiando el centro histórico” y nos quitaron a todos: vendedores, tamborileros, etc. Ya no pudimos estar allí pero seguimos picando piedra en otros lugares.

Encontré la oportunidad de abrir shows de comediantes como Mactá y Taco de Ojo, a los mismos Mario y Daniel Herrera. Un día, en el Tucho 2, me vio el gerente y preguntó por mí. Hablé con él, llegamos a un acuerdo y  bueno, llevo seis años dando shows en el Tucho y eso me abrió las puertas para presentarme en otros lugares, dentro y fuera de Mérida.

chiquilin hooch payaso
Chiquilín Hooch en el Parque de Las Américas, Mérida.

¿Cómo armas tu show, escribes un guión o algo así?

No, soy muy malo para eso, jamás me he sentado a escribir guiones.

En mis shows para adultos el tema es:

El sexo débil, o sea los hombres contra las mujeres. Todo son cosas cotidianas, problemas que tenemos como pareja, o como hombres solos. Un 50% es mi vida y el otro 50 es lo que me cuenta la gente.

Lo que hago es tomar el lado amable de lo amargo que puede ser una relación. Mucha gente dice que mi show es machista pero yo no lo veo así. A las mujeres cuando les tocas puntos estratégicos les molesta. Todo mundo ve bien que una mujer como Paquita la del Barrio, por ejemplo,  le diga cosas a un hombre, pero un hombre no le puede decir cosas a una mujer. A partir de allí somos el sexo débil porque no podemos expresarnos, pero la mujer sí.

Cuando doy un show para niños el rollo es muy distinto:

Hay que saber diferenciar, si tú te ganas a un niño, él se queda con la emoción de  volver a verte y se lo va a pedir a su papá.

También improvisas mucho, ¿no?

La escuela de la calle te enseña eso. A una fiesta, por ejemplo, tú vas pagado, entonces dices: “Si la gente me hace caso bien, si no pues ya no es problema mío”. También en los bares, tú haces tu show pero si la gente está en su onda y no te hacen caso, ni modo. Yo bajo y me pagan.

Bendito Dios, de los seis años que llevo en bares a lo mucho habré tenido cuatro o cinco altercados. Pero en el arte popular callejero tienes que hacer lo imposible para que la gente se quede contigo, si no, no recibes dinero, quedas mal y la gente no vuelve a venir. 

Buena parte del atractivo de los shows callejeros es que pones a tu público en situaciones incómodas

Muchos se quejan de que los payasos empiezan a fastidiarlos. Alguien hace poco me preguntó: “¿Es verdad que si no te cooperan billetes,  humillas a las personas?” Y no. Todo es parte el show, todo el mundo está pensando “Que no me vea, que no me vea”, pero si te toca ni modo, fuiste elegido entre mil personas.

¿Has encontrado personas que lo tomen a mal?

Hace un par de meses una señora estaba sentada con su laptop y su celular, sin prestar atención al show  y le dije: “No seas malita, apaga tu compu”, y le hice algunas bromas, uno trata de buscar el lado amable. El caso es que se fue y al ratito escribió en Facebook, en “Que Todo Mérida Se Entere” que yo la había tratado mal.

Otra persona que estaba en el show me lo mostró y yo le dije al público: les doy 5 minutos para que le respondan. Le llovieron tantos comentarios a la señora que terminó por bloquear las publicaciones, le pusieron #LadyLaptop.

En otra ocasión, hace muchos años,  estaba dando un show y dije: al que no aplauda le doy un beso en la boca. Esto fue en Tuxtla Gutiérrez. Un muchacho no aplaudió y me estaba yo acercando, como para darle el beso, y que me escupe en la cara. Era mi primer día, me acababan de dar el permiso para trabajar en ese espacio y no lo podía echar a perder, así que lo dejé atrás y seguí chambeando.

No es mi intención molestar a la gente pero si vienes a ver el show, diviértete. Si vas a estar apático mejor dale ese espacio a otra persona.

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¿Tienes una idea de cuántos payasos hay en Mérida?

Los payasos callejeros nos dividimos en grupos o secciones:

  • Están los de camiones: Habrá unos 20 o 30.
  • Los de plazas y parques: Habemos unos 8.
  • Y los de semáforos: No hay ninguno.

Hay familias que se maquillan y malabarean, pero no  son payasos. Además, aquí en Yucatán está prohibido malabarear y si te ve la policía te retiran.

¿Existe alguna comunidad organizada de payasos?

Hay un grupo que se llama UPY, somos payasos de calle y de fiestas. Se puede unir cualquier persona pero el chiste es que igual se capacite, que asista a eventos. Ahorita nos vamos a uno en Coatzacoalcos, Veracruz. Vamos cuatro compañeros de aquí de Mérida, como talleristas, conferencistas y también para calificar unas competencias. Uno aprende mucho conviviendo con compañeros de otros estados.

payasos mérida

¿Por qué consideras que es importante para la sociedad que exista el oficio del payaso?

Porque su función es quitar el estrés y la monotonía de la vida. A veces las personas van por la calle con problemas, molestas, entonces ven al payaso y pueden tomarse quince minutos para sonreír. Viene siendo la risoterapia, la aplican en los hospitales pero puede suceder en cualquier lugar.  

¿Alguna rola que te guste?

Un gran circo de La Maldita Vecindad.

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